La música es esencial en la vida, rodeados de canciones y melodías. Además, tiene efectos positivos, especialmente en los primeros años, ayudando al desarrollo en un global. Por este motivo, conoce los beneficios de la música en los niños para disfrutar con tu peque.
Los beneficios de la música en los niños son amplios porque muchos estudios demuestran la importancia de la música en un ámbito intelectual, aumentando la actividad neuronal. Es una necesidad fomentar la música en los más pequeños: cantando, bailando, escuchando música o tocando un instrumento.
La música forma parte de la vida de los niños desde sus primeros años. Una canción, una melodía, unas palmas o simplemente seguir un ritmo con el cuerpo son actividades que, además de resultar divertidas, pueden convertirse en una herramienta educativa para acompañar diferentes áreas del desarrollo infantil.
Pero ¿cuáles son realmente los beneficios de la música en los niños? La investigación científica ha estudiado especialmente su relación con las funciones ejecutivas, el lenguaje, las habilidades sociales, la regulación emocional y la coordinación entre percepción y movimiento.
La clave está en entender que no se trata únicamente de escuchar música. Cantar, bailar, tocar instrumentos, seguir ritmos y participar en actividades musicales activas implican procesos de atención, memoria, movimiento, escucha y coordinación.
La música combina diferentes estímulos al mismo tiempo: sonidos, ritmo, movimiento, lenguaje, memoria y, cuando se realiza en grupo, interacción social.
Por eso puede utilizarse como un recurso educativo especialmente interesante durante la infancia.
La evidencia disponible sugiere que el entrenamiento o la participación activa en actividades musicales puede relacionarse con determinadas capacidades cognitivas y socioemocionales. Sin embargo, conviene evitar afirmaciones como que la música “aumenta la inteligencia” de todos los niños o que garantiza mejores resultados académicos.
Los efectos dependen de factores como la edad, el tipo de actividad musical, la duración de la práctica y la participación activa del niño.
Las funciones ejecutivas incluyen capacidades como el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva, todas ellas importantes para aprender, mantener la atención y adaptar el comportamiento a diferentes situaciones.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 analizó diez estudios sobre niños de 3 a 6 años y encontró mejoras significativas asociadas al entrenamiento musical en control inhibitorio, memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva. Los resultados también sugirieron que la duración y frecuencia del entrenamiento pueden influir en sus efectos.
En otras palabras: las actividades musicales pueden ofrecer a los niños oportunidades para practicar habilidades relacionadas con escuchar, recordar, esperar, cambiar de una actividad a otra y controlar determinadas respuestas.
Cantar canciones infantiles implica escuchar sonidos, repetir palabras, reconocer patrones y familiarizarse con diferentes estructuras del lenguaje.
La música y el lenguaje también comparten determinados procesos relacionados con la percepción auditiva y la atención a los sonidos.
Un estudio experimental de Moreno y colaboradores encontró que un programa breve de entrenamiento musical produjo mejoras en una medida de inteligencia verbal en niños en edad preescolar, junto con cambios relacionados con la función ejecutiva.
Esto no significa que escuchar música por sí solo provoque automáticamente un mejor desarrollo del lenguaje. La interacción con adultos, cantar juntos, repetir palabras y participar activamente en juegos musicales son aspectos especialmente interesantes.
Seguir una canción o un ritmo requiere prestar atención a los sonidos y anticipar qué ocurrirá a continuación.
También existen juegos musicales en los que el niño debe esperar, detenerse cuando desaparece la música o cambiar sus movimientos cuando cambia el ritmo.
La investigación reciente resulta especialmente interesante en este ámbito. Un metaanálisis publicado en 2024, que reunió 22 estudios longitudinales con 1.734 participantes, encontró una mejora del control inhibitorio asociada al entrenamiento musical, con efectos mayores en los estudios con diseño de ensayo controlado aleatorizado.
Por ello, la música puede utilizarse como una forma lúdica de practicar atención y autorregulación.
Las canciones facilitan la repetición y permiten asociar palabras, movimientos y melodías.
Por eso son un recurso habitual en educación infantil para aprender conceptos como:
Una canción repetida dentro de una rutina puede convertirse en una señal que ayuda al niño a anticipar qué actividad viene después.
La música, por tanto, no tiene que utilizarse únicamente como entretenimiento: también puede integrarse en diferentes situaciones de aprendizaje.
La música puede convertirse en una vía para expresar y experimentar emociones.
Una canción tranquila puede acompañar un momento de relajación, mientras que una canción alegre puede favorecer el movimiento y la participación.
Una revisión sistemática publicada en 2021 analizó investigaciones sobre el uso educativo de la música y el desarrollo emocional de niños de 3 a 12 años, concluyendo que existe evidencia de efectos positivos en diferentes dimensiones del desarrollo emocional, aunque los resultados dependen de las características de las intervenciones y de los estudios analizados.
En educación infantil, la música también permite poner nombre a emociones y crear situaciones en las que los niños puedan expresarlas mediante canciones, movimiento y juegos.
La música adquiere una dimensión diferente cuando se realiza en grupo.
Cantar juntos, tocar instrumentos, seguir un ritmo o bailar requiere prestar atención a los demás y coordinarse con ellos.
Un estudio experimental de Kirschner y Tomasello observó que la realización conjunta de actividades musicales favorecía posteriormente conductas espontáneas de cooperación y ayuda en niños de cuatro años frente a una actividad de control con interacción social similar.
Por ello, las actividades musicales colectivas pueden ser una herramienta interesante para trabajar:
La música invita al movimiento.
Cuando un niño baila, sigue un ritmo con las palmas o toca un instrumento, necesita coordinar la información auditiva con sus movimientos.
El ritmo puede convertirse así en una herramienta para trabajar coordinación, equilibrio y control corporal.
La investigación de Tierney y Kraus encontró una relación entre la capacidad de sincronizar el movimiento con un ritmo y la consistencia de determinadas respuestas neuronales al sonido, lo que pone de manifiesto la estrecha relación entre procesamiento auditivo y coordinación motora.
En la práctica educativa, esto puede trabajarse mediante actividades muy sencillas: caminar siguiendo un ritmo, dar palmas, saltar cuando suena un instrumento o reproducir una secuencia de movimientos.
La música no tiene por qué consistir siempre en reproducir canciones conocidas.
También puede utilizarse para crear.
Inventar una canción, cambiar el final de una melodía, crear sonidos con objetos cotidianos o acompañar una historia con diferentes instrumentos permite que los niños experimenten y expresen sus propias ideas.
La música puede convertirse así en un canal más de expresión junto al dibujo, el juego simbólico, el movimiento o el lenguaje.
Diferenciar sonidos, reconocer si una melodía es rápida o lenta o identificar cambios de intensidad son actividades que ayudan al niño a prestar atención a las características del sonido.
Los juegos de ritmo también permiten trabajar conceptos como:
Estas actividades pueden ser especialmente útiles durante la etapa infantil porque convierten el aprendizaje en una experiencia activa.
Aprender una canción, conseguir reproducir un ritmo o participar delante de los compañeros puede proporcionar al niño una experiencia de logro.
La música ofrece muchas oportunidades para reconocer el esfuerzo y la progresión, independientemente del nivel musical.
Por eso es importante evitar convertir las actividades musicales infantiles en una competición. El objetivo debería ser que el niño experimente, participe y descubra que puede aprender nuevas habilidades.
Cuenta con el efecto de aliviar el dolor, coordinando los latidos del corazón y respiración, llegando a la relajación.
Escuchar melodías alegres y tranquilas, ayudan a la recuperación mental y física Compartir en XAsociando actividades, el niño se acostumbrará a repetirás, creando una pequeña rutina, aumentando la disciplina.
Aumenta la memoria, relacionando canciones y recuerdos al escucharlas en distintas ocasiones.
Bailando, los niños adquieren coordinación, fuerza y sentido del espacio. Aprenden a moverse , adaptándose al entorno que les rodea, como ocurre con los juegos, siendo el mismo caso que las gincanas divertidas.
Las letras de las canciones facilitan sonidos y palabras nuevas a los niños, siendo un recurso didáctico excelente.
Al reconocer patrones rítmicos en una canción, afectan a la región motivadora y creativa del cerebro, impulsando la imaginación y creatividad.
La música influye en las habilidades para potenciar otras actividades como el dibujo y la pintura
La percepción de los patrones rítmicos potencian el razonamiento para buscar soluciones complejas a problemas lógicos o matemáticos.
Por medio del baile y la canción, repitiendo frases complejas con facilidad. El baile aumenta la posibilidad de expresarse con el cuerpo, mejorando la comunicación tocando instrumentos.
Los niños aprenden a recordar al comprender las letras de las canciones, divirtiéndose cantando.
La música puede integrarse en numerosas situaciones de la vida cotidiana en una escuela infantil.
No es necesario disponer de instrumentos sofisticados.
Una actividad musical puede comenzar simplemente con la voz, las palmas o el movimiento corporal.
Por ejemplo, una escuela infantil puede utilizar canciones para:
Esta utilización de la música ayuda además a establecer rutinas previsibles y convierte determinados momentos del día en experiencias compartidas
Escuchar música puede ser una experiencia enriquecedora, pero las actividades musicales activas ofrecen oportunidades adicionales de participación.
Cantar, tocar un instrumento sencillo, bailar o seguir un ritmo obliga al niño a interactuar con los sonidos y con su propio cuerpo.
Por eso, en educación infantil resulta interesante combinar:
Escucha + canto + movimiento + ritmo + experimentación.
No es necesario que el niño reciba clases formales de instrumento para beneficiarse de las experiencias musicales.
Las actividades musicales pueden adaptarse fácilmente a diferentes edades.
Cantar juntos permite trabajar ritmo, repetición, vocabulario y memoria.
Las canciones con gestos son especialmente útiles porque combinan lenguaje y movimiento.
Podemos poner música rápida y después lenta y pedir al niño que adapte sus movimientos.
También podemos parar la música y convertir el silencio en parte del juego.
Repetir pequeñas secuencias de palmas ayuda a trabajar imitación, atención y memoria.
Por ejemplo:
dos palmas → pausa → una palma
y después pedir al niño que reproduzca la secuencia.
Con materiales seguros y adecuados a la edad pueden crearse instrumentos sencillos, como pequeños tambores o elementos que produzcan diferentes sonidos.
Lo interesante no es fabricar un instrumento perfecto, sino experimentar con el sonido.
Podemos crear una melodía sencilla e introducir palabras relacionadas con una historia, un animal o una actividad cotidiana.
Esto convierte la música en una herramienta de expresión y lenguaje.
Podemos producir diferentes sonidos sin que el niño vea el objeto y pedirle que intente identificarlo.
Después podemos cambiar los papeles y dejar que sea el niño quien produzca el sonido.
No existe una edad concreta a partir de la cual un niño pueda empezar a disfrutar de la música.
Los bebés ya pueden escuchar canciones y participar en experiencias musicales sencillas junto a los adultos.
A medida que crecen pueden incorporarse actividades más complejas: canciones con gestos, juegos de ritmo, instrumentos sencillos, bailes y posteriormente aprendizaje musical más estructurado.
Lo importante es adaptar la actividad a la edad y evitar convertirla en una obligación.
Esta es una de las preguntas más frecuentes y conviene responderla con precisión.
No puede afirmarse que escuchar música haga automáticamente más inteligentes a los niños.
Sí existen estudios que encuentran efectos positivos asociados al entrenamiento musical en determinadas capacidades cognitivas.
Por ejemplo, una revisión sistemática y metaanálisis de 2025 encontró mejoras en control inhibitorio, memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva en niños de 3 a 6 años que participaron en programas de entrenamiento musical.
Otros trabajos han encontrado efectos sobre determinadas medidas de inteligencia verbal y funciones ejecutivas después de programas específicos de entrenamiento musical.
Por tanto, es más preciso hablar de posibles beneficios sobre determinadas habilidades cognitivas que afirmar que la música aumenta la inteligencia de manera general.
Las actividades musicales pueden contribuir al desarrollo de diferentes capacidades, entre ellas determinadas funciones ejecutivas, atención, memoria, lenguaje, coordinación motora, expresión emocional y habilidades sociales.
El entrenamiento musical implica escuchar, mantener la atención y seguir secuencias. Además, estudios recientes han encontrado efectos positivos del entrenamiento musical sobre el control inhibitorio en niños.
Puede proporcionar oportunidades para trabajar sonidos, palabras, ritmo y memoria verbal. Algunos estudios experimentales han encontrado mejoras en determinadas medidas verbales después de programas de entrenamiento musical.
Sí puede favorecer situaciones de cooperación y coordinación con otras personas. La investigación experimental de Kirschner y Tomasello encontró un aumento de conductas prosociales después de actividades de creación musical conjunta en niños de cuatro años.
No. Cantar, bailar, escuchar, jugar con ritmos y experimentar con sonidos son también experiencias musicales valiosas durante la infancia, siendo parte de los beneficios de la música en los niños.
No existe una cantidad universal que pueda considerarse necesaria para todos los niños. Es preferible que las actividades sean adecuadas a su edad, variadas y agradables, evitando que la música se convierta en una fuente de presión.
La música es mucho más que entretenimiento. Durante la infancia puede convertirse en una herramienta para explorar sonidos, movimiento, lenguaje, emociones, memoria y relaciones sociales.
La evidencia científica actual resulta especialmente interesante en áreas como las funciones ejecutivas y el control inhibitorio, aunque los resultados no justifican atribuir a la música beneficios ilimitados ni garantizar que todos los niños respondan de la misma manera.
Por eso, en educación infantil lo más interesante es ofrecer experiencias musicales variadas, participativas y adaptadas a cada etapa: cantar, bailar, tocar instrumentos, experimentar con sonidos y disfrutar juntos de la música.
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